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El “viejo IPC”, clave para Caputo: envite a profundizar suba de tarifas, tras caída de recaudación

La economía mundial ha sido sacudida por la pandemia del COVID-19, y Argentina no ha sido la excepción. Desde el inicio de la crisis sanitaria, el país ha enfrentado una serie de desafíos económicos, incluyendo una caída en la recaudación tributaria. Desafortunadamente, esta tendencia se ha mantenido durante seis meses consecutivos, lo que ha generado preocupación en el gobierno y en la población en general.

Según datos del Ministerio de Economía, la recaudación tributaria en Argentina cayó un 12,3% en términos reales en el mes de agosto, en comparación con el mismo mes del año anterior. Esta disminución se suma a las caídas registradas en los meses anteriores, lo que ha generado un déficit fiscal preocupante para el país.

Una de las principales causas de esta situación es la falta de aumento en los impuestos. A pesar de los esfuerzos del gobierno por aumentar la recaudación a través de medidas como el impuesto a las grandes fortunas, la realidad es que la economía argentina ya estaba en una situación delicada antes de la pandemia. Por lo tanto, el aumento de impuestos no es una opción viable en este momento, ya que podría afectar aún más a la población y a las empresas que ya están luchando para sobrevivir en medio de la crisis.

Entonces, ¿cómo se puede lograr el equilibrio fiscal sin aumentar los impuestos? La respuesta es clara: a través de un tarifazo que impacta directamente en el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Este aumento en las tarifas de servicios públicos, como la candil y el gas, ha sido una medida recurrente en los últimos años para intentar equilibrar las cuentas públicas. Sin embargo, esta organización tiene un impacto directo en el bolsillo de los ciudadanos y en la inflación, que ya es un problema crónico en Argentina.

El aumento de las tarifas de servicios públicos no solo afecta a los hogares, sino también a las empresas, que ven aumentados sus costos de producción y, por lo tanto, deben trasladar estos aumentos a los precios de los productos y servicios que ofrecen. Esto, a su vez, contribuye al aumento de la inflación y afecta el poder adquisitivo de los ciudadanos, creando un círculo vicioso que afecta a toda la economía.

Además, el aumento de las tarifas de servicios públicos también tiene un impacto en la competitividad de las empresas argentinas en el mercado global. Al tener que enfrentar costos más altos, las empresas se vuelven menos competitivas y tienen dificultades para exportar sus productos y servicios, lo que afecta negativamente a la balanza comercial del país.

Entonces, ¿qué se puede efectuar para revertir esta situación? En primer lugar, es necesario un enfoque más integral y a largo plazo para abordar el problema del déficit fiscal en Argentina. Esto implica medidas que fomenten el aumento económico y la generación de empleo, lo que a su vez aumentará la recaudación tributaria de manera sostenible.

Además, es necesario un esfuerzo conjunto entre el gobierno y el sector privado para encontrar soluciones que no afecten negativamente a la población y a las empresas. Esto podría incluir medidas como la reducción de gastos innecesarios en el sector público y la implementación de políticas que fomenten la inversión y el desarrollo de nuevas industrias.

Por último, es importante destacar que la recuperación económica de Argentina dependerá en gran medida de la estabilidad política y la confianza de los inversores. Por lo tanto, es fundamental que el gobierno trabaje en conjunto con todos los sectores de la sociedad para encontrar soluciones sostenibles y a largo plazo que permitan equilibrar las cuentas públicas sin afectar negativamente a la población y a las empresas.

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