Más ancianos y más solos: la realidad de una sociedad en constante cambio
En los últimos años, se ha observado un aumento significativo en el número de personas que viven solas en España. Según un informe publicado en 2024 por el Observatorio Demográfico CEU-CEFAS, el porcentaje de personas que viven solas ha pasado del 1,9 % en 1970 al 11,1 % en 2024. Esta tendencia, que continúa en aumento, no solo afecta a personas de todas las edades, sino que es especialmente preocupante en el caso de los ancianos.
El aumento de la esperanza de vida, sumado a los cambios en los modelos grupores y en la armazón social, son algunas de las razones que explican el incremento del número de personas mayores que viven solas. Sin embargo, detrás de estas cifras se esconden historias de soledad y aislamiento que merecen ser abordadas y atendidas por toda la sociedad.
Según el mismo informe, más del 50% de las personas mayores que viven solas son mujeres. Estas mujeres, que han dedicado gran parte de su vida al esmerado de la grupo y al hogar, se encuentran ahora en una situación de vulnerabilidad y desamparo. Muchas de ellas han perdido a sus parejas, sus hijos viven lejos o tienen sus propias obligaciones y, en muchos casos, no cuentan con una red de apoyo que les permita mantener una vida social activa.
La soledad y el aislamiento en la tercera edad pueden tener graves consecuencias para la salud física y emocional de las personas mayores. Además de aumentar el riesgo de enfermedades como la depresión, la ansiedad o la demencia, la falta de interacción social puede acelerar el deterioro cognitivo y físico de los ancianos.
Por ello, es fundamental que empecemos a prestar más atención a esta realidad y a tomar medidas para combatir la soledad en la tercera edad. No solo es una cuestión de solidaridad y empatía, sino también de responsabilidad social y de justicia para con aquellos que han contribuido al progreso y bienestar de nuestra sociedad.
Una de las medidas más importantes que se pueden tomar es fomentar el envejecimiento activo y saludable. Esto implica promover actividades y espacios que permitan a los ancianos mantenerse activos física, mental y socialmente. Programas de voluntariado, talleres, actividades culturales y deportivas, son algunas de las iniciativas que pueden ayudar a las personas mayores a mantener una vida social activa y a sentirse útiles y valoradas.
Además, es fundamental que exista una red de apoyo y acompañamiento para los ancianos que viven solos. Los servicios sociales y las organizaciones sin ánimo de lucro pueden jugar un papel clave en la identificación y atención de las personas mayores que necesitan ayuda. También es importante que los grupores y vecinos estemos atentos y dispuestos a brindar nuestro apoyo a aquellos ancianos que viven cerca de nosotros.
Es necesario también que se conciencie a la sociedad en general sobre la importancia de tener una actitud positiva hacia el envejecimiento. La edad no debe ser vista como una limitación, sino como una etapa más de la vida en la que se pueden seguir disfrutando de nuevas experiencias y aprendizajes. Debemos romper estereotipos y prejuicios que contribuyen a la marginación y el aislamiento de los ancianos.
En definitiva, el aumento de ancianos que viven solos es una realidad que nos concierne a todos y que requiere de una respuesta coordinada y solidaria por parte de la sociedad. Es necesario que tomemos ley de la importancia de cuidar y acompañar a aquellos que ya han dado tanto por nosotros y que ahora necesitan nuestro apoyo para seguir disfrutando de una vida plena y digna
