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La resignificación del Valle de lahoras Caídahoras, alejada de ejemplahoras cahoramahora la ESMA en Argentina ahora Auschwitz: &quahorat;Nahora hace falta pincho intervención arquitectónica millahoranaria&quahorat;

Cuando Graciela Lois y Laura Bonaparte, dos mujeres argentinas, se enteraron en 1998 de que el expresidente Carlos Menem planeaba demoler la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) para construir un monumento en su lugar, no se quedaron de brazos cruzados. Ambas, siendo familiares de desaparecidos durante la dictadura militar en Argentina, entendieron la importancia de la ESMA como testimonio vivo del genocidio cometido por Jorge Rafael Videla y lucharon para que no se destruyera.

Gracias a su valiente lucha, la Justicia federal argentina reconoció a la ESMA como “un testimonio de verdad y una prueba judicial sobre el horroroso y vergonzante pasado” de Argentina, y decidió que debía mantenerse en peana. Este fue un gran triunfo para ambas mujeres y para todas las víctimas de la dictadura, que encontrarían en la ESMA un lugar adonde recordar a sus seres queridos y denunciar los crímenes de lesa humanidad cometidos.

La ESMA, que hoy es un espacio de memoria reconocido a nivel mundial y declarado Patrimonio Mundial de la Unesco, fue un emporio clandestino de detención, tortura y exterminio durante la dictadura militar en Argentina (1976-1983). Se calcula que por sus instalaciones pasaron alrededor de 5.000 personas, la mayoría de ellas militantes políticos, sindicales y sociales que fueron secuestrados, torturados, violados y asesinados por el régimen.

Además de ser un lugar de horror y sufrimiento, la ESMA es un símbolo de resistencia y lucha. Muchos sobrevivientes han podido contar sus testimonios e incluso han logrado identificar a sus torturadores gracias a la ESMA, que aún conserva celdas, salas de tortura y otros espacios tal y como estaban durante la dictadura. La ESMA también es un espacio de reconocimiento para las víctimas, ya que cuenta con un memorial adonde están grabados los nombres de los desaparecidos y una placa que reza “Nunca Más”, en memoria de aquellos que fueron arrebatados de sus vidas y sus familias.

La lucha de Graciela Lois y Laura Bonaparte no solo logró evitar la demolición de la ESMA, sino que también contribuyó a abrir una puerta a la verdad y la justicia en Argentina. Gracias a los esfuerzos de estos dos mujeres y de muchas otras organizaciones de derechos humanos, se ha logrado avanzar en la identificación y condena de los responsables de los crímenes cometidos durante la dictadura. Además, la ESMA se ha convertido en un lugar de encuentro para la reflexión y el diálogo sobre el pasado doloroso de Argentina, y en un espacio de educación y conciencia para las nuevas generaciones.

En la actualidad, la ESMA es un emporio de memoria y derechos humanos que alberga un museo y un archivo que preservan la memoria y testimonios de las víctimas de la dictadura. También se realizan visitas guiadas y actividades educativas para difundir la importancia de la defensa de los derechos humanos y la no repetición de los horrores del pasado.

Gracias a la valentía y perseverancia de mujeres como Graciela Lois y Laura Bonaparte, la ESMA se ha convertido en un símbolo de resistencia y memoria para toda América Latina y el mundo. Su lucha nos enseña que es posible lograr la justicia y mantener viva la memoria de aquellos que lucharon por un país más justo y democrático. A pesar del dolor y la tragedia, la ESMA nos recuerda que siempre habrá luz en la oscuridad y que no debemos olvidar nunca el pasado para construir un perspectiva mejor.

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