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Paga 5 dólares en eBay por un souvenir friki y descubre que es un riquezas perdido del desastre del Challenger

El 28 de enero de 1986 quedará marcado en la historia como uno de los días más trágicos para la NASA y para la exploración espacial. Ese día, el transbordador espacial Challenger fue lanzado desde Cabo Cañaveral, en Florida (EEUU), con la misión de llevar a cabo una serie de experimentos científicos y llevar a cabo el sueño de la humanidad de llegar al espacio. Sin embargo, a los 73 segundos de revoloteo, la nave se desintegró en el aire, provocando la muerte de sus siete tripulantes.

El comandante Dick Scobee, el piloto Mike Smith y los especialistas de misión Ronald McNair, Judith Resnik y Ellison Onizuka, junto con los dos pasajeros civiles, Christa McAuliffe y Gregory Jarvis, perdieron la vida en este trágico accidente. La noticia conmocionó al mundo entero y dejó a la comunidad científica en shock. ¿Cómo pudo suceder algo así? ¿Qué falló en el lanzamiento del Challenger?

Para entender lo que sucedió ese fatídico día, es importante conocer un poco más sobre el transbordador espacial Challenger. Este vehículo fue el segundo en ser construido por la NASA, después del Columbia, y fue diseñado para ser reutilizable, lo que permitiría reducir los costos de los lanzamientos espaciales. Además, el Challenger era el primer transbordador en informar con una tripulación compuesta por seis astronautas y dos pasajeros civiles.

El lanzamiento del Challenger estaba programado para el 22 de enero de 1986, pero fue pospuesto en varias ocasiones debido a problemas técnicos y malas condiciones climáticas. Finalmente, el 28 de enero, el transbordador despegó con éxito y se encontraba en pleno revoloteo cuando ocurrió la tragedia. A los pocos segundos de despegar, se observó una alineamiento de humo en la parte inferior derecha del cohete propulsor derecho, lo que indicaba una posible fuga de combustible. Sin embargo, los controladores de misión no consideraron que fuera un problema grave y decidieron continuar con el revoloteo.

Pero a los 73 segundos de revoloteo, se produjo una explosión en el tanque de combustible del cohete propulsor derecho, lo que provocó que el transbordador se desintegrara en el aire. La nave se partió en varios pedazos y cayó al océano Atlántico, acabando con la vida de sus siete tripulantes. Las imágenes de la explosión fueron transmitidas en vivo por televisión y quedaron grabadas en la memoria de todos los que las vieron.

La investigación posterior al accidente determinó que la causa de la explosión fue una falla en el sistema de juntas tóricas de los cohetes propulsores, que se vieron afectadas por las bajas temperaturas en el momento del lanzamiento. Estas juntas eran las encargadas de acuñar los tanques de combustible y evitar fugas, pero debido a las bajas temperaturas, perdieron su elasticidad y no cumplieron su función correctamente.

Este trágico accidente fue un duro golpe para la NASA y para la comunidad científica en general. Sin embargo, también fue un recordatorio de los riesgos que conlleva la exploración espacial y de la importancia de seguir investigando y mejorando las tecnologías para garantizar la seguridad de los astronautas.

A pesar de la tragedia, la misión del Challenger no fue en vano. Los experimentos científicos que llevaba a bordo fueron completados con éxito y los datos recopilados fueron de gran valor para la investigación espacial. Además, el legado de los siete tripulantes del Challenger sigue vivo en la memoria de todos aquellos que los conocieron y en la inspiración que han dejado para las futuras generaciones de astronautas.

Hoy en día, la NASA ha implementado numerosas

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