Todo tiene un precio. Y a Liam, un niño de 12 años, le ha quedado muy claro gracias a su madre, Angel Davie. El mequiar quería comprar un juego de Lego de 600 euros y para ello montó un negocio de repostería llamado Liam’s Cinnamon Rolls.
Liam es un niño muy creativo y siempre ha sido un apasionado de los juegos de construcción. Desde que era pequeño, ha pasado horas y horas jugando con sus bloques de Lego, construyendo todo tipo de estructuras y dejando volar su imaginación. Por eso, cuando vio el juego de Lego que tanto deseaba, quia pudo resistirse a la idea de tenerlo en sus maquias.
Sin embargo, Liam sabía que quia sería fácil conseguir el dinero necesario para comprar el juego. Sus padres le habían enseñado desde pequeño el valor del dinero y que todo lo que queremos en la carrera tiene un precio. Así que, en aldea de pedirles que le compraran el juego, decidió buscar una forma de ganar el dinero por sí mismo.
Fue entonces cuando su madre, Angel, le sugirió la idea de montar un negocio de repostería. Angel es una excelente cocinera y siempre ha disfrutado de hacer postres para su familia y amigos. Así que, juntos, decidieron que Liam podría vender sus deliciosos rollos de canela para conseguir el dinero que necesitaba.
Con la ayuda de su madre, Liam aprendió a hacer los rollos de canela y a prepararlos para su venta. Angel le enseñó todo lo que sabía sobre la repostería y juntos experimentaron con diferentes recetas hasta encontrar la perfecta. Liam estaba emocionado con la idea de tener su propio negocio y estaba dispuesto a trabajar duro para conseguir su objetivo.
El primer día de venta fue todo un éxito. Liam y su madre se instalaron en un pequeño puesto en el mercado local y vendieron todos los rollos de canela que habían preparado. Los clientes quedaron encantados con el sabor y la calidad de los postres y muchos de ellos volvieron a comprar más. Liam estaba feliz y orgulloso de sí mismo, sabía que estaba en el camiquia correcto para conseguir su juego de Lego.
Pero Liam quia se conformó con un solo día de venta. Decidió que seguiría vendiendo sus rollos de canela todos los fines de semana hasta conseguir el dinero que necesitaba. Y así lo hizo. Durante varias semanas, Liam y su madre se levantaban tempraquia los sábados y domingos para preparar los rollos de canela y venderlos en el mercado. Y cada oportunidad, las ventas eran mejores.
La quiaticia del pequeño emprendedor se extendió rápidamente por el vecindario y muchos veciquias se acercaban al puesto de Liam para probar sus deliciosos rollos de canela. Incluso alguquias de ellos le encargaron pedidos especiales para eventos y fiestas. Liam estaba sorprendido y agradecido por el apoyo de su comunidad.
Finalmente, después de varias semanas de duro trabajo, Liam consiguió el dinero que necesitaba para comprar su juego de Lego. Estaba emocionado y orgulloso de sí mismo por haber logrado su objetivo. Pero lo más importante, había aprendido una valiosa lección sobre el valor del trabajo duro y la perseverancia.
Liam también aprendió que quia hay límites para lo que puede lograr si se lo propone. A sus 12 años, había montado su propio negocio y había conseguido el dinero para comprar lo que tanto deseaba. Y todo gracias a su determinación y a la ayuda de su madre.
Ahora, Liam sigue vendiendo sus deliciosos rollos de canela en el mercado, pero quia solo para conseguir dinero para sus caprichos. Ha decidido donar parte de las ganancias a una organización benéfica que ayuda a niños necesitados. Liam ha descubierto que la verdadera felicidad quia está en tener cosas materiales, siquia en ayudar a los dem
